Invertir en bonos: estrategias de rentabilidad y diversificación

A man wearing glasses reviews financial information on a tablet, representing strategies for investing in bonds for diversification and performance.

A la hora de invertir, la mayoría de las personas piensan directamente en acciones tecnológicas o criptomonedas. Sin embargo, también podemos encontrar opciones con un gran potencial como el mercado de bonos corporativos. Una estrategia que puede llegar a reportar una rentabilidad muy atractiva. De hecho, el mercado global de bonos es uno de los mayores mercados financieros del mundo.

Puede que ahora te hayan surgido muchas dudas. ¿Es mejor comprar bonos individuales o son preferibles los ETFs? ¿Cómo afecta la subida de los tipos de interés a nuestros títulos? A continuación, te lo explicamos todo para que puedas tomar decisiones de inversión más informadas, teniendo en cuenta tanto la rentabilidad como los riesgos asociados.

Esta es una comunicación de marketing y en ningún caso debe considerarse como investigación de inversión, asesoramiento de inversión o recomendación de inversión. El valor de tu inversión puede subir o bajar. La rentabilidad pasada de los instrumentos financieros no garantiza rentabilidades futuras.

¿Cuáles son las estrategias más habituales para invertir en bonos?


Si queremos invertir en renta fija, es fundamental que nuestra estrategia esté perfectamente alineada con nuestros objetivos temporales y con el horizonte de riesgo que estamos dispuestos a asumir. Por ejemplo, los inversores que se plantean una estrategia más a largo plazo suelen considerar bonos con una fecha de vencimiento de varios años, buscando obtener rentabilidad y disfrutar de un flujo de ingresos constante. Se trata de una estrategia por la que los inversores más experimentados suelen apostar en ciclos económicos en los que se sospecha que los tipos de interés podrían bajar, ya que esto dispara el precio de los títulos en el mercado secundario.

En cambio, las inversiones de corta duración suelen centrarse en la preservación del capital y en mantener cierta liquidez. En estos casos, los inversores suelen optar por instrumentos con plazos inferiores a dos años, reduciendo así los riesgos derivados de la volatilidad del mercado. Una técnica muy habitual entre inversores expertos es la “escalera de bonos” (laddering). Consiste en repartir el dinero comprando bonos con diferentes fechas de vencimiento (por ejemplo, a 1, 2, 3, 4 y 5 años). De esta manera, cada año nos vence un título, brindándonos liquidez constante para reinvertir si la tasa de interés ha subido o para disponer del efectivo en caso de que tengamos cualquier imprevisto.

Estrategias según el precio de los bonos

Los precios de los bonos van oscilando de manera inversa a los tipos de interés. Si el banco central decide subir los tipos de interés para frenar la inflación, los bonos que ya tenemos en cartera, que pagan un cupón antiguo y más bajo, perderán atractivo y su precio caerá.

Por eso, en contextos en los que la inflación se encuentra al alza, algunos inversores pueden considerar los bonos de corta duración como una alternativa. En cambio, si la economía se enfría y los tipos bajan, los bonos de larga duración suelen ser el refugio preferido en países como Estados Unidos o la eurozona, ya que tienden a revalorizarse con fuerza.

El papel de los bonos corporativos de alto rendimiento

Una opción que algunos inversores consideran para buscar un rendimiento adicional son los bonos corporativos. Cuando invertimos en bonos de empresas, básicamente nos convertimos en prestamistas de una entidad privada. Las empresas emiten este tipo de deuda para financiar su crecimiento o afrontar proyectos de inversión.

Aquellas que cuentan con una calificación crediticia de grado de inversión (investment grade) ofrecen un perfil de riesgo generalmente más bajo, aunque los cupones suelen ser más modestos. Sin embargo, los bonos high yield (alto rendimiento) pueden ofrecer rentabilidades potencialmente superiores a los bonos de grado de inversión, aunque con mayor riesgo de crédito. Las rentabilidades pasadas no garantizan resultados futuros y el inversor puede perder parte o la totalidad de su inversión.

Eso sí, es fundamental tener en cuenta el análisis del emisor, procurando elegir siempre compañías plenamente consolidadas que generen beneficios constantes.

¿Cómo funciona el trading de bonos corporativos?


A diferencia de las acciones, que se negocian en bolsas centralizadas, la negociación de bonos ha sido tradicionalmente un mercado “over-the-counter” (OTC), es decir, de acuerdos directos entre diferentes partes. Sin embargo, hoy en día, la tecnología ha democratizado el acceso.

Cuando compramos bonos, básicamente, estamos comprando el derecho a recibir pagos futuros. Por ejemplo, si compramos un bono de una empresa cuya calificación mejora de “BB” a “BBB”, el mercado percibirá menos riesgo y el precio de ese bono subirá, permitiéndonos venderlo con beneficio antes de su vencimiento.

Así pues, cuando decidimos negociar bonos, es importante que nos fijemos en el precio de cotización, que se expresa como un porcentaje sobre su valor nominal. Si un bono cotiza a 102, decimos que está “sobre la par”. Si cotiza a 98, está “bajo la par”.

El mercado secundario y la liquidez

El mercado secundario es el lugar en el que los inversores compran y venden bonos ya emitidos. Sin embargo, la liquidez no es igual en todos los activos. Mientras que la deuda pública puede venderse en segundos, algunos bonos corporativos de pequeñas empresas pueden ser más difíciles de colocar rápidamente.

Por eso, actualmente, existen plataformas que permiten vender fracciones de estos activos. De esta forma, el pequeño inversor no tiene que esperar hasta la fecha de vencimiento para recuperar su dinero.

¿Cómo diversificar con bonos corporativos?


La diversificación con bonos es una estrategia que muchos inversores ponen en práctica para no poner todos los huevos en la misma cesta. No se trata solo de tener muchos títulos, sino de que estos se comporten de manera distinta ante las fluctuaciones del mercado, buscando mayor estabilidad en tu cartera, teniendo en cuenta que la rentabilidad depende de la solvencia de los emisores y de las condiciones del mercado.

Así pues, una cartera bien equilibrada debería incluir diferentes tipos de bonos: deuda pública para lograr estabilidad y bonos corporativos para obtener ese extra de crecimiento. De hecho, los grandes fondos institucionales siempre mantienen una parte en renta fija incluso cuando la bolsa sube. De este modo, cuando las acciones bajan, los bonos han funcionado históricamente como un contrapeso a la volatilidad de la renta variable, aunque esta correlación negativa no se da en todos los escenarios de mercado.

Eso sí, para medir el rendimiento de nuestros bonos a lo largo del tiempo, es muy importante tener en cuenta la correlación negativa. Históricamente, en momentos de pánico bursátil, el capital siempre ha fluido hacia la seguridad del Estado, haciendo que el precio de los bonos públicos suba mientras el mercado de renta variable se desploma. Por eso, cuando diversificamos nuestros fondos, conseguimos que nuestra cartera pueda estar mejor posicionada para gestionar la volatilidad, aunque la diversificación no elimina el riesgo de pérdida.

Diversificación geográfica y sectorial

Para minimizar riesgos, podemos incluir deuda de diferentes países o que hayamos adquirido durante un periodo bajista. Por ejemplo, si compramos bonos de Estados Unidos y letras del tesoro de España estaremos equilibrando nuestra exposición ante las fluctuaciones de las divisas y de los propios ciclos de tipos de interés.

Del mismo modo, dentro del ámbito empresarial, es recomendable repartir la inversión entre diferentes sectores: energía, tecnología, finanzas, etc. Con lo cual, si el sector inmobiliario sufre por una subida de los tipos de interés, nuestros bonos corporativos de logística o consumo básico pueden ayudarnos a compensar la balanza.

La asignación de activos es responsable de más del 90% de la variabilidad de los resultados a largo plazo. Pero vayamos a lo realmente importante:

  • Diversificación por vencimientos: no concentren toda su deuda en un solo año. Al combinar títulos con vencimiento a corto y largo plazo, reducimos el riesgo de reinversión. Si los tipos bajan, sus bonos a largo plazo ganarán valor. Si suben, sus bonos a corto plazo vencerán pronto y podrán reinvertir ese capital en tasas más atractivas.

     

  • Calidad crediticia: combinar bonos de grado de inversión con bonos de alto rendimiento (high yield). Estos últimos, al tener una mayor prima de riesgo, suelen comportarse de manera similar a las acciones, proporcionando un plus de rentabilidad adicional a la cartera.

     

  • Tipos de cupón: también puedes combinar bonos de cupón fijo, que son más previsibles, con bonos de tipo variable, ligados al Euríbor, por ejemplo. Estos últimos suelen funcionar muy bien cuando el banco central decide subir el precio del dinero, ya que su rendimiento se ajusta al alza automáticamente.

     

En resumen, diversificar es una de las prácticas más habituales para gestionar el riesgo de una cartera. No importa si un emisor tiene dificultades, el impacto en tu cartera puede verse reducido, aunque no eliminado, gracias a la distribución entre diferentes activos. Además, en plataformas como Mintos resulta muy sencillo, pudiendo repartir tu inversión entre diferentes tipos de bonos y más de 40 emisores de diversos sectores.

¿Cuándo invertir manualmente frente a una estrategia automatizada?


Una de las principales dudas que surgen entre muchos inversores es si deben elegir los bonos ellos mismos o dejarlo en manos de un algoritmo inteligente. Ciertamente, la inversión manual nos brinda mayor control sobre nuestros fondos, ya que podemos analizar el emisor, leer el folleto de la emisión y decidir si el bono compensa el riesgo. Una opción muy interesante para inversores que prefieren llevar una estrategia a medida. Eso sí, requiere tiempo y saber cómo evaluar la calificación crediticia de las empresas.

Por otro lado, hay también opciones que han ido ganando terreno a lo largo de los últimos años debido a su sencillez, como el trading automático y los ETF de bonos. Al comprar un ETF (Exchange Traded Fund), estarás adquiriendo una cesta formada por cientos de bonos, lo que te permitirá diversificar de forma instantánea. Además, de este modo, siempre podremos mantener el nivel de riesgo deseado sin tener que estar pendientes de cada vencimiento.

Ventajas de los fondos y ETFs

Los fondos de inversión y los ETF permiten acceder a mercados que, tradicionalmente, solamente han estado al alcance de grandes inversores. Por ejemplo, muchos bonos institucionales exigen una compra mínima de 100.000 € por cada título. No obstante, si adquirimos un ETF, podemos participar de ese mismo rendimiento con apenas 50 € o 100 €. Además, la comisión de gestión en estos productos suele ser muy competitiva, evitando mermar la rentabilidad final del inversor.

Otra de las características más ventajosas de este tipo de bonos es que, al adquirir una participación en uno de estos valores, estamos delegando la negociación a un gestor profesional que puede obtener mejorar beneficios que un particular, por ejemplo en los precios de los bonos. Pero además, podrás tener un control exhaustivo de la fecha de vencimiento de cada uno de ellos. A continuación, te explicamos cuáles son los aspectos más importantes que deberías tener en cuenta:

  • Diversificación instantánea y masiva: con una sola compra, estamos distribuyendo nuestro capital entre cientos de emisores diferentes. De esta manera, si una empresa tiene problemas, el riesgo para nuestra cartera se ve reducido, ya que el resto de los activos ayudarán a compensar la balanza.

     

  • Liquidez diaria: a diferencia de algunos bonos corporativos que pueden ser difíciles de vender rápidamente en el mercado secundario, los ETF se negocian en bolsa como si fueran acciones, lo que permite recuperar el dinero en cualquier momento.

  • Reinversión automática de cupones: muchos fondos reinvierten el cupón cobrado de forma automática, ayudando a potenciar el interés compuesto, ya que ese nuevo capital empezará a generar su propio rendimiento sin que tengamos que pagar comisiones de compra adicionales.

  • Gestión profesional del riesgo: el equipo gestor vigila constantemente la calificación crediticia de las empresas. Si una compañía baja de grado de inversión a “bono basura”, el fondo puede determinar su venta inmediata para proteger la calidad de la renta fija de la cartera.

  • Eficiencia fiscal: en España, los fondos de inversión pueden beneficiarse del régimen de traspasos, que permite diferir la tributación bajo determinadas condiciones. Consulta con un asesor fiscal para conocer tu situación particular, lo que nos brinda una flexibilidad enorme para ajustar nuestra estrategia conforme vayan cambiando los tipos de interés o la situación de la economía global.

Comparación de los bonos corporativos con otras opciones de inversión de bajo riesgo


A la hora de crear una cartera de inversión de bajo riesgo, las opciones más habituales suelen ser el efectivo, las cuentas de ahorro y los depósitos. Sin embargo, hay ciertas características de los bonos que resultan muy difíciles de igualar.

Bonos vs efectivo en mercados inciertos

Aunque contar con efectivo puede ofrecernos mayor tranquilidad, lo cierto es que se trata de un activo que no produce nada. En periodos de incertidumbre, los bonos (especialmente las letras del tesoro) no solo pueden ofrecer cierta seguridad, sino que, al mismo tiempo, generan un flujo de ingresos constante, lo que puede resultar atractivo para inversores que buscan crecimiento, aunque también implican riesgos que deben valorarse.

Bonos vs cuentas de ahorro

Las cuentas de ahorro suelen ofrecer tipos de interés muy ligados a las propias decisiones comerciales del banco, muchas veces por detrás del mercado. Al invertir directamente en el mercado de bonos a través de plataformas de inversión, podemos acceder a rentabilidades de mercado, aunque es importante tener en cuenta las comisiones y costes asociados que las empresas o gobiernos están dispuestos a pagar. Es cierto que el valor nominal de los bonos está sujeto a las fluctuaciones de precio, pero si los mantenemos hasta el vencimiento, la rentabilidad suele ser superior a la de cualquier cuenta estándar.

¿Son más seguros los bonos que los depósitos bancarios?

Los depósitos bancarios están protegidos por fondos de garantía (hasta 100.000 € en la UE). En cambio, los bonos dependen de la solvencia del emisor. Por ejemplo, un bono de un país con alta calificación se considera generalmente como uno de los activos de menor riesgo, aunque no está exento de riesgos como el de tipo de interés o inflación.

Además, los bonos ofrecen algo más que el depósito no tiene: liquidez inmediata. Si cancelamos un depósito de renta fija, es posible que tengamos que pagar una penalización por un valor casi igual o, incluso superior, a la de los beneficios obtenidos. Sin embargo, en el caso de los bonos, si necesitamos recuperar el capital, podemos vender el bono en el mercado.

¿Cómo evaluar el rendimiento de los bonos?


Para saber si estamos ante una buena oportunidad, debemos tener en cuenta un concepto clave: el “Yield to Maturity” (YTM) o rentabilidad a vencimiento. Este cálculo tiene en cuenta el precio actual, el valor nominal, los intereses que faltan por cobrar y el tiempo que queda hasta el vencimiento. Y es que no es lo mismo un bono que paga un 5% pero que compramos por un valor más elevado, que uno que paga un 4% pero que compramos con descuento.

Para identificar los mejores bonos para invertir, debemos analizar el riesgo. Las agencias como S&P o Moody’s nos dan una pista a través de sus calificaciones (AAA, AA, BBB…). Pero nosotros, como inversores, también debemos analizar la salud financiera de la empresa: su nivel de deuda, su flujo de caja y su capacidad de financiación. Un bono con un rendimiento muy alto puede ser una “trampa de valor” en caso de que la empresa emisora tenga serias dificultades para devolver el capital.

Factores que influyen en el precio

  • Tipos de interés: si suben, el precio del bono baja.

     

  • Inflación: una inflación muy elevada puede acabar erosionando el valor real de los pagos fijos del bono.

     

  • Calidad crediticia: una rebaja en la calificación del emisor hará que el precio caiga inmediatamente.

     

  • Fecha de vencimiento: cuanto mayor sea el plazo, más sensible será el valor del bono a los cambios en las tasas de interés.

¿Qué tener en cuenta antes de invertir en bonos corporativos?


Una de las cosas que más valoran los inversores es tener acceso a distintos emisores y la facilidad de gestión. No basta con elegir el título, sino que es necesario entender el entorno regulatorio y los gastos de la plataforma que utilicemos. En la actualidad, el mercado de bonos ha dejado de ser un club exclusivo para bancos. Ahora, los minoristas pueden crear carteras más diversificadas por un coste más accesible, aunque toda inversión conlleva riesgos que deben evaluarse cuidadosamente.

Es aquí donde entra en juego el ecosistema de las fintechs. Plataformas como Mintos han revolucionado el acceso a este tipo de activos, permitiendo a los inversores minoristas acceder a bonos corporativos de alto rendimiento con una inversión mínima de tan solo 50 €, algo impensable hace una década, cuando el ticket mínimo solía ser de 10.000 € o, incluso, superior. Al tratarse de una plataforma de inversión regulada, ofrece una capa de transparencia y seguridad necesaria para aquellos inversores que buscan diversificar su capital.

Al implementar su estrategia, asegúrense de que el intermediario sea claro con la comisión. En muchos casos, la compra de bonos individuales no tiene comisiones. Además, las carteras gestionadas solamente tienen un pequeño coste anual (por ejemplo, un 0,39% anual). Algo fundamental para poder calcular su rentabilidad neta real.

Eso sí, no hay que olvidar que, aunque los bonos son más estables, siempre existe el riesgo de que el emisor no pueda cumplir con sus obligaciones. Por ello, el uso de herramientas de diversificación automática es tan recomendable para el inversor moderno.

Descubre cómo invertir en bonos corporativos

Así pues, los bonos pueden ser una herramienta útil para la planificación y diversificación de tu cartera de inversión. En Mintos, podrás acceder a diferentes opciones de inversión de renta fija, obteniendo información clara y transparente sobre la calificación de cada emisión, de manera que puedas tomar decisiones de inversión mas informadas. 

Eso sí, no debes olvidar que, a diferencia de los depósitos, toda inversión implica riesgos. Por eso, si estás empezando es importante que no sólo tengas en cuenta la rentabilidad inmediata, sino también cómo funcionan los bonos y el sistema para poder proteger tus fondos.

Invertir conlleva riesgos. El valor de las inversiones puede subir o bajar, y podrias recuperar menos de lo invertido. Rentabilidades pasadas no garantizan resultados futuros.

Preguntas Frecuentes (FAQ)


¿Qué es exactamente invertir en bonos?

Se trata de una forma de inversión de renta fija, que básicamente consiste en prestar crédito a una entidad (gobierno o empresa) con la promesa de que nos devuelvan el capital en una fecha fijada y nos realicen pagos de intereses periódicos llamados cupones.

 ¿Cuál es la diferencia entre un bono y una acción?

Cuando compramos acciones, nos convertimos en dueños de una parte de la empresa y participamos de sus beneficios (o pérdidas). En cambio, al invertir en bonos, nos convertimos en acreedores, por lo que la empresa tiene la obligación legal de pagarnos los intereses y devolvernos el dinero siempre que sea solvente, independientemente de si tenemos muchos beneficios o no.

¿Qué ocurre si necesito mi dinero antes del vencimiento?

Podemos vender nuestros títulos en el mercado secundario. El precio que recibiremos dependerá de la oferta y la demanda, y de cómo hayan evolucionado los tipos de interés desde que los compramos. Plataformas como Mintos ofrecen un mercado secundario muy activo que facilitan la obtención de esta liquidez.

 ¿Son seguros los bonos corporativos?

Depende de la empresa. Los de grado de inversión suelen presentar un menor riesgo de impago, aunque siguen sujetos a riesgos de mercado, tipo de interés y liquidez, mientras que los de alto rendimiento (high yield) presentan mayor riesgo pero también permiten obtener cupones mucho más altos. La clave es saber diversificar en bonos de diferentes sectores y emisores.

¿Cómo afectan los tipos de interés a mis bonos?

Existe una relación inversa. Cuando las tasas de interés del mercado suben, los precios de los bonos bajan. Esto se debe a que los nuevos bonos que salen al mercado ofrecen mejores intereses, haciendo que los antiguos sean menos atractivos.

¿Qué es el valor nominal de un bono?

Es la cantidad de dinero que el emisor se compromete a devolver al titular al terminar el plazo. Por lo general, los intereses se calculan como un porcentaje de este valor.

¿Puedo invertir en bonos con poco dinero?

¡Sí! Aunque tradicionalmente estaban pensados para grandes capitales, en la actualidad, existen opciones como los ETFs o plataformas como Mintos donde podemos empezar con una pequeña inversión de 50 €.

¿Qué es un ETF?

Es un fondo que cotiza en bolsa y que contiene una colección de cientos de bonos. Es una excelente manera de conseguir diversificación instantánea sin tener que comprar cada título por separado.

¿Qué riesgos debo tener en cuenta?

El principal es el riesgo de crédito, es decir, que el emisor no pague. Pero también destacamos el riesgo de mercado (que su valor baje por cambios en los tipos) y el riesgo de liquidez (que no encontremos un comprador rápido si queremos vender antes de tiempo).

¿Por qué se dice que los bonos dan “renta fija”?

Reciben este nombre porque, desde el momento de la compra, sabemos cuáles son los plazos de los pagos y la cantidad exacta que vamos a recibir, a menos que el emisor entre en impago. Ofreciendo así una mayor previsibilidad con respecto a otros activos.