Bonos basura: qué son y cómo encajan en una cartera de renta fija

Man relaxing with headphones while researching junk bonds on his phone

Los bonos basura tienen uno de los nombres más confusos del mundo de la inversión. La etiqueta sugiere algo sin valor, pero debes saber que detrás hay un mercado de más de un billón de euros en el que llevan décadas participando fondos de pensiones, aseguradoras e inversores institucionales. La diferencia con un bono «normal» no está en cómo funciona, sino en la calidad crediticia del emisor y en la mayor probabilidad de impago que esa calificación implica. Esa diferencia explica tanto los cupones más altos que ofrecen como el nivel de análisis que conviene aplicar antes de incluirlos en una cartera.

Esta es una comunicación de marketing y en ningún caso debe considerarse como investigación de inversión, asesoramiento de inversión o recomendación de inversión. El valor de tu inversión puede subir o bajar. La rentabilidad pasada de los instrumentos financieros no garantiza rentabilidades futuras.

Invertir en instrumentos financieros implica riesgo; antes de invertir, considera tus conocimientos, experiencia, situación financiera y objetivos de inversión.

¿Qué son los bonos basura?


Un bono basura es un bono corporativo emitido por una empresa cuya calidad crediticia se sitúa por debajo del grado de inversión. Las agencias de rating consideran que el emisor tiene una probabilidad de impago superior a la de las grandes corporaciones o los gobiernos sólidos.

Antes de los años 70, las emisiones por debajo del grado de inversión eran «ángeles caídos», es decir,  empresas degradadas tras un deterioro financiero. No existía un mercado real para nuevas emisiones a esas calificaciones. Esto cambió cuando el banquero Michael Milken popularizó la idea de que las empresas sin grado de inversión podían emitir nueva deuda con cupones más altos y aun así atraer compradores. El término «bonos basura» surgió como apodo de esa nueva categoría y se quedó, incluso a medida que el mercado maduraba hasta convertirse en uno de los segmentos más grandes de la renta fija global.¹

¹ Britannica, «Michael Milken», https://www.britannica.com/money/Michael-R-Milken


Diferencias con los bonos corporativos ordinarios

Un bono corporativo ordinario, emitido por una empresa con grado de inversión, suele combinar cupones más bajos con un riesgo de impago reducido. Un bono basura mantiene la misma mecánica (cupones, vencimiento, valor nominal), pero el emisor opera con un balance más apalancado o con flujos de caja menos predecibles. La compensación por ese riesgo extra es un cupón relativamente más alto.

Dentro del universo high yield también es habitual encontrar otras variantes:

  • Bonos canjeables. El inversor puede canjearlos por acciones de otra compañía, normalmente la casa matriz del emisor.

  • Bonos convertibles. El inversor puede convertirlos en acciones de la propia empresa emisora bajo condiciones predefinidas.

  • Bonos subordinados o estructurados. En caso de quiebra inminente o liquidación de la empresa, se pagan después de la deuda senior, lo que aumenta el riesgo crediticio.


Cada variante tiene su propio perfil de riesgo, y todas se consideran productos potencialmente complejos a efectos de MiFID II.


Grado de inversión o investment grade frente a high yield


La frontera entre grado de inversión y high yield la marcan las agencias de calificación. Los bonos calificados BBB- o superior por S&P y Fitch, o Baa3 o superior por Moody’s, se clasifican como grado de inversión. Lo que queda por debajo (BB+/Ba1 e inferior) entra en territorio high yield.

La distinción es más que una etiqueta: cambia el comportamiento del bono, el tipo de inversor que lo compra y el papel que cumple en una cartera.

  • Bonos investment grade. Cupones más bajos, riesgo de impago menor y precio más sensible a los movimientos de tipos de interés. Suelen emitirlos estados, grandes corporaciones y utilities, y los compran inversores enfocados en preservar capital y generar ingresos estables.

  • Bonos high yield. Cupones más altos, riesgo de impago superior y precio más sensible a la salud financiera del emisor que a los tipos. Los emisores típicos son empresas medianas, firmas apalancadas o negocios en crecimiento, y los compran inversores que buscan más ingresos y aceptan más riesgo a cambio.

 


Cómo leer una calificación crediticia


Tres agencias dominan el mercado global de ratings:
Moody’s, S&P Global y Fitch. Cada una usa su propia escala, pero la lógica es la misma: a mayor calificación, menor probabilidad esperada de impago.

Una calificación refleja la evaluación de la agencia sobre la fortaleza financiera del emisor, sus flujos de caja, su nivel de deuda y el entorno económico. No es una recomendación de compra ni de venta. Las calificaciones cambian con el tiempo y esas transiciones afectan a los precios, a veces con bastante intensidad.

Las calificaciones tampoco son infalibles. La crisis financiera de 2008 expuso limitaciones importantes en cómo se calificaban determinados productos estructurados. Para los bonos corporativos individuales, los ratings siguen siendo un punto de partida útil, pero conviene combinarlos con diligencia adicional en lugar de sustituirla.


Cuándo encajan los bonos basura en una cartera


No existe una regla universal sobre cuándo incluir bonos high yield en una cartera. La decisión depende de los objetivos individuales, la tolerancia al riesgo y el horizonte temporal de cada inversor. Tres situaciones habituales ayudan a entender el encaje.

Para un inversor enfocado en maximizar los ingresos regulares de su renta fija, los bonos high yield pueden funcionar como una fuente de ingresos junto con otros tipos de bono, siempre que esté dispuesto a asumir un riesgo de impago superior. En una estrategia orientada a construir patrimonio a largo plazo combinando varias clases de activo, los high yield pueden complementar acciones y bonos investment grade aportando un perfil de retorno distinto al de cada uno por separado. En cambio, para quien prioriza preservar el principal por encima de todo, su papel suele ser limitado: el riesgo de impago es lo bastante alto como para no encajar con un perfil estrictamente conservador.

Los bonos high yield se sitúan entre la renta fija de grado de inversión y la renta variable en el espectro de riesgo. Su comportamiento muestra una correlación con los mercados de acciones más alta que la de los bonos investment grade, sobre todo cuando los mercados están bajo presión. En recesiones, pueden caer junto con la renta variable en lugar de actuar como contrapeso.

La diferencia está en que los bonos pagan cupones fijos en fechas concretas. Las acciones pueden pagar dividendos, pero esos pagos son variables y pueden reducirse o suspenderse.

 


Estrategias de inversión en bonos basura


Las estrategias para operar con high yield varían según el perfil de riesgo, el horizonte y los objetivos financieros. Estas son las más habituales.

Compra directa de bonos individuales

Algunos inversores construyen una pequeña selección de bonos high yield concretos, eligiendo emisores cuyo modelo entienden y manteniéndolos hasta vencimiento. De esta forma controlan la diversificación por sector, plazo y calificación, pero exige análisis caso por caso y capital suficiente para diversificar.

Fondos especializados en high yield

Los fondos high yield son un conjunto de bonos basura en una cartera gestionada. Reducen la concentración, pero introducen un coste de gestión y eliminan parte del control sobre los emisores concretos.

Bonos canjeables y convertibles, y operaciones con opciones

Cuando un bono incorpora una opción de canjear por acciones de la casa matriz, su valor tiene dos componentes: el cupón fijo y el valor de la opción implícita. La metodología para conocer el valor de las opciones, así como su valor al vencimiento, requiere comprender cómo se mueve el precio de la acción subyacente y el peso de la volatilidad. Las operaciones con opciones añaden complejidad y pueden no ser adecuadas para inversores sin experiencia previa en derivados.

Diversificación entre emisores

La pérdida en un único bono basura puede ser total si el emisor entra en impago, mientras que el cupón ganado en otros bonos sólo se acumula linealmente. Por eso muchos inversores que asumen exposición a high yield reparten el capital entre varios emisores, sectores y plazos.

La elección entre estas estrategias depende de la situación de cada inversor. Algunas pueden no ser adecuadas en función de los conocimientos y la experiencia del cliente, y los productos complejos requieren la realización de la evaluación de conveniencia prevista por MiFID II antes de la contratación.


Riesgos y rentabilidad asociados


Los bonos high yield compensan al inversor por asumir más riesgo. Entender ese riesgo importa antes de asignar capital, sobre todo si la cartera ya tiene exposición a renta variable o a deuda de menor calificación.

  • Riesgo de impago. El emisor no puede pagar los cupones o devolver el principal a vencimiento. Las tasas históricas de impago suben con fuerza durante recesiones.

  • Riesgo de liquidez. Los bonos basura pueden ser más difíciles de vender que los de grado de inversión, sobre todo cuando los mercados están tensos.

  • Riesgo de tipo de interés. Una subida de tipos eleva el coste de financiación de los emisores y puede deteriorar su posición crediticia.

  • Riesgo de spread crediticio. Cuando se ensancha el diferencial entre high yield y bonos del estado, los precios caen, a veces con rapidez.

  • Riesgo de degradación. Una bajada de rating puede provocar ventas forzosas de inversores institucionales con mandatos por calificación, lo que presiona el precio.

  • Riesgo de quiebra y prelación. En la liquidación de la empresa, los bonos subordinados se pagan después de la deuda senior. La devolución del capital depende de los activos restantes.


Las rentabilidades dependen de los bonos concretos, del entorno económico y de si se mantienen hasta vencimiento. Los cupones del high yield son más altos que los de los bonos del estado o los corporativos investment grade, pero esos cupones deben ponderarse frente a la posibilidad de impago. Una cartera puede generar ingresos atractivos durante años y, aun así, ver su rentabilidad neta caer si uno o varios emisores entran en default.

Cualquier ajuste en función del riesgo (un concepto cercano al de activos ponderados por nivel de riesgo o activos ponderados por riesgo en el lenguaje regulatorio bancario) busca poner los rendimientos en relación con el capital expuesto. Esto se traduce en preguntar no sólo cuánto paga el cupón, sino qué probabilidad hay de cobrarlo entero a vencimiento



Cómo invertir en bonos high yield siendo inversor minorista


Durante mucho tiempo, los bonos high yield fueron prácticamente inaccesibles para inversores individuales. Las inversiones mínimas eran altas y la infraestructura no estaba diseñada para participación minorista. Las plataformas de inversión reguladas han bajado esa barrera, permitiendo invertir en bonos individuales con importes más pequeños y mayor transparencia.


Algunos factores que conviene revisar al elegir dónde acceder a este mercado:

  • Visibilidad del análisis de crédito. Información clara sobre la calidad del emisor antes de invertir.

  • Diversificación entre emisores. Variedad suficiente de empresas y sectores para construir una cartera diversificada.

  • Inversión mínima. Un punto de entrada bajo que permita repartir el capital entre varios bonos.

  • Estatus regulatorio. Plataforma supervisada por una autoridad financiera reconocida.


Mintos, regulada por Latvijas Banka y supervisada bajo MiFID II, ofrece acceso a bonos corporativos high yield con inversión mínima desde 50 EUR, posibilidad de elegir bonos concretos o utilizar carteras automatizadas si resultan adecuadas, y un mercado secundario para gestionar la liquidez. Como en cualquier producto regulado bajo PRIIPs, antes de invertir conviene consultar el KID y revisar la evaluación de conveniencia.

Conclusión

Los bonos basura no son ni una mala inversión ni una buena inversión por sí mismos. Son un instrumento más dentro de la renta fija, con un perfil concreto de riesgo y rentabilidad, que algunos inversores combinan con bonos investment grade y renta variable, y que otros prefieren evitar por completo. Lo que cambia entre uno y otro caso no es el bono, sino los objetivos, el horizonte temporal y la tolerancia al riesgo del inversor.

Antes de añadir cualquier emisión high yield a una cartera, conviene leer el KID del producto, entender el perfil concreto del emisor y, si la pieza forma parte de un producto complejo, completar la evaluación de conveniencia que exige MiFID II. Una decisión informada vale más que un cupón alto.

Preguntas frecuentes

¿Qué son exactamente los bonos basura y por qué se llaman así?

Los bonos basura son bonos corporativos calificados por debajo de grado de inversión por agencias como S&P, Moody’s y Fitch. La industria utiliza hoy «bonos high yield» como término estándar, aunque el nombre original sigue presente. La etiqueta refleja un mayor riesgo de impago frente a la deuda investment grade, no que sean instrumentos sin valor.

La mecánica del bono (cupón, vencimiento, valor nominal) funciona igual. Lo que cambia es la calidad crediticia del emisor. Los bonos investment grade los emiten compañías o gobiernos con perfil financiero sólido y menor riesgo de impago. Los bonos basura los emiten empresas con calificaciones más bajas, y ese riesgo se compensa con un cupón relativamente más alto.

Las calificaciones usan escalas alfabéticas. S&P y Fitch utilizan AAA como rating más alto, descendiendo por AA, A, BBB (todas grado de inversión) y luego BB, B, CCC, CC y C (todas high yield). Moody’s usa una escala paralela que empieza en Aaa. Cualquier calificación por debajo de BBB- (S&P/Fitch) o Baa3 (Moody’s) entra en high yield.

Que el cupón más alto compensa un riesgo de impago significativamente mayor que el de la deuda investment grade. La liquidez puede ser menor, los precios responden más a la salud del emisor que a los movimientos de tipos, y un default individual puede traducirse en pérdida permanente de capital. Por eso la diversificación entre emisores y la diligencia previa pesan más que en otras categorías.

Depende de los bonos concretos en cartera, del entorno económico y de si se mantienen hasta el vencimiento. Los cupones suelen ser superiores a los de los bonos investment grade, pero esos ingresos deben sopesarse por la posibilidad de impagos a lo largo de la vida de la cartera. La rentabilidad pasada no garantiza rentabilidades futuras.

Aviso final. Esta es una comunicación de marketing y en ningún caso debe considerarse como investigación de inversión, asesoramiento de inversión o recomendación de inversión. El valor de tu inversión puede subir o bajar. La rentabilidad pasada de los instrumentos financieros no garantiza rentabilidades futuras. Invertir en instrumentos financieros implica riesgo; antes de invertir, considera tus conocimientos, experiencia, situación financiera y objetivos de inversión.