ETF renta fija: qué son, cómo funcionan y cuándo tienen sentido

Gleichmäßig gestapelte Holzklötze neben einer wachsenden Pflanze, die Stabilität symbolisieren — Illustration zum Thema Anleihen-ETF

Cuando piensan en renta fija, muchas personas creen que se trata de una inversión en la que podrán saber de antemano cuánto ganarán y cuándo recuperarán su capital. Sin embargo, no siempre es así en el caso de los ETFs de renta fija.

Es cierto que los bonos pueden tener un cupón específico y un plazo determinado, pero su precio puede cambiar a lo largo del tiempo en que los tengamos invertidos. La cuestión es que, cuando invertimos a través de un ETF, normalmente no estamos comprando un bono concreto para mantenerlo hasta vencimiento, sino una participación en una cartera que puede contener cientos o incluso miles de títulos.

Esta es la razón por la que un ETF de renta fija puede perder parte de su valor aunque los bonos que mantiene sigan pagando sus intereses. Por ejemplo, si  los tipos de interés suben, aquellos que ya habían sido emitidos pueden bajar solamente porque los nuevos bonos ofrecen rentabilidades superiores. Pero también pueden influir en el riesgo de crédito, la liquidez, la divisa o los cambios en la composición de la cartera.

Por eso, antes de elegir un ETF de bonos, además de tener en cuenta el histórico de rentabilidad o las comisiones, también debemos entender muy bien las características del tipo de activo que vamos a adquirir, qué factores pueden influir en su valor y si el plazo se adecua al tiempo que tenemos previsto mantener la inversión.

 

Esta es una comunicación de marketing y en ningún caso debe considerarse como investigación de inversión, asesoramiento de inversión o recomendación de inversión. El valor de tu inversión puede subir o bajar y existe la posibilidad de pérdida parcial o total del capital. Las inversiones de renta fija están sujetas a riesgo de crédito del emisor, riesgo de tipo de interés, riesgo de liquidez y riesgo de inflación. La rentabilidad pasada no garantiza rentabilidades futuras. Antes de invertir, conviene consultar el Documento de Datos Fundamentales (KID) del producto y considerar tus conocimientos, experiencia, situación financiera y objetivos de inversión.

¿Qué son los ETFs de renta fija?


Un ETF de renta fija es un fondo cotizado que se ocupa de la gestión de una cartera de instrumentos de deuda, quedando sujeta la estrategia al índice o a las reglas que siga el fondo. Además, los bonos pueden ser emitidos por Estados, organismos públicos o empresas de cualquier parte del mundo.

La característica principal de los ETFs es que sus participaciones se negocian en bolsa. Al igual que una acción, se compran y venden durante la sesión de mercado. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el valor de la cartera de activos puede cambiar continuamente.

De esta forma, podemos obtener una mayor exposición a través de una única operación y, al mismo tiempo, el riesgo de crédito se reparte entre muchos emisores.

Como contrapartida, no podremos decidir individualmente los bonos en los que queremos invertir y el plazo. El fondo sigue unas reglas determinadas y puede sustituir los títulos que vencen o que dejan de cumplir los criterios de su índice.

Así pues, comprar un ETF tradicional equivale a comprar una participación en una cartera gestionada cuyo valor fluctúa, sin una fecha ni un importe de devolución garantizados

Algo que es importante tener en cuenta en caso de que tengamos un objetivo temporal concreto. Si sabemos que necesitaremos disponer de nuestro capital dentro de dos años, por ejemplo, debemos preguntarnos qué podría valer el ETF exactamente en ese momento, y no solamente cuánto interés generan actualmente sus bonos.

¿Cómo funciona un ETF de renta fija?


El precio de los ETFs va fluctuando principalmente en función de la evolución de los activos que mantienen. Si los bonos suben, el valor del fondo tenderá a aumentar. En cambio, si pierden valor, el ETF puede caer.

Imagina que tienes un bono que paga un cupón del 3%. Si los tipos se mantienen estables, puede seguir siendo atractivo. Pero si se emiten nuevos bonos similares que ofrecen un 5%, nuestro bono antiguo resulta menos interesante para un nuevo comprador.

Para compensar esa diferencia, su precio tendrá que bajar. De esta forma, el comprador que adquiera el bono más barato obtiene una rentabilidad acorde con las nuevas condiciones del mercado.

Este mecanismo afecta directamente a los ETFs de renta fija. Si una parte importante de nuestros activos está formada por bonos cuyo valor disminuye debido a una subida de los tipos, el precio del fondo también puede caer, aunque los emisores continúen pagando puntualmente sus cupones.

Por ejemplo, si nuestros fondos generan un 4% de intereses durante un año, pero los bonos pierden un 6% de valor, la rentabilidad total de la inversión puede ser negativa. Por eso debemos diferenciar siempre entre los intereses que genera la cartera y la rentabilidad total que obtenemos.

También hay que tener en cuenta que el valor liquidativo no siempre tiene por qué corresponderse con el precio de mercado. En condiciones normales, los mecanismos de creación y reembolso de participaciones pueden hacer que los valores sean similares, pero en momentos de tensión las diferencias entre el valor de compra y venta pueden acentuarse.

Los ETFs de bonos frente a un bono individual: la diferencia que importa


A la hora de adquirir un bono individual, generalmente sabemos quién es el emisor, qué cupón paga, cuál es la fecha de vencimiento y qué beneficio deberíamos obtener.

De esta forma, podemos determinar si nos interesa mantener el bono hasta vencimiento. Independientemente del precio al que lo compráramos, si el emisor cumple, normalmente recibiremos el importe establecido al llegar el plazo establecido, sin importar si durante ese periodo su valor ha subido o bajado.

Pero esto solo funciona si no necesitamos vender antes. Si compramos un bono por 100 euros y posteriormente su precio cae a 95 euros, tendremos que asumir esa pérdida si necesitamos venderlo en ese momento.

Sin embargo, la situación cambia en el caso de los ETFs tradicionales. El fondo mantiene numerosos bonos con plazos diferentes y, cuando algunos títulos vencen, el dinero suele reinvertirse. Esto quiere decir que nuestra participación no tiene por qué  llegar a un plazo concreto para recuperar nuestro capital.

Esta diferencia puede ser decisiva para un inversor que tenga una fecha concreta en mente. Si necesitamos disponer de nuestro capital en 2030, por ejemplo, un ETF de bonos de un banco tradicional en España no garantiza que la inversión tenga entonces el mismo coste que al principio. Tendremos que vender nuestras participaciones al valor existente en ese momento.

Así pues, ciertamente, los ETFs ofrecen claras ventajas en cuanto a facilidad y posibilidades de diversificación, pero a cambio restan capacidad para controlar los vencimientos individualmente. Un bono individual nos permite elegir la emisión y el plazo; un ETF nos proporciona una cartera gestionada conforme a unas reglas.

ETF de vencimiento definido: la excepción


Los ETFs de vencimiento definido están diseñados alrededor de un año objetivo, incluyendo bonos que vencen aproximadamente en ese periodo y siguiendo una serie de reglas para la gestión de las posiciones conforme se acerca la fecha.

Esta estructura puede resultar interesante cuando queremos realizar una inversión en renta fija durante un plazo de tiempo concreto. Sin embargo, no debemos interpretar el año que aparece en el nombre del fondo como una garantía de devolución del capital.

Si un ETF tiene como objetivo 2030, el valor que tendremos en ese momento dependerá de los bonos que tengamos en nuestra cartera, de los posibles impagos que hayan podido producirse, de los precios de compra, de los gastos y de las condiciones ofrecidas por el propio fondo.

Antes de invertir, debemos comprobar qué ocurre cuando el bono vence. Por ejemplo, algunos productos pueden liquidarse, pero no siempre es así. Además, es importante tener en cuenta la calidad crediticia de los bonos. Y es que, aunque todos venzan en un rango de fecha similar, el riesgo de crédito siempre está presente.

La ventaja de estos productos es que permiten ajustar mejor  nuestros fondos con el plazo de tiempo que queremos mantener la inversión. En un ETF tradicional, el fondo puede seguir comprando bonos nuevos cuando otros vencen y mantener indefinidamente una determinada duración. En un ETF de vencimiento definido, la cartera está construida alrededor de una fecha concreta.

Obviamente, en el mundo de las inversiones, el riesgo nunca se elimina por completo, pero sí es cierto que todo ello puede facilitar mucho la planificación de nuestra estrategia, especialmente cuando tenemos en mente una fecha concreta.

¿Qué tipos de ETFs de renta fija existen?


No todos los ETFs de bonos se comportan de la misma manera. Para entender las diferencias tenemos que analizar una serie de factores:

Deuda pública y deuda corporativa

La deuda pública está emitida por Estados y organismos públicos, mientras que la deuda corporativa procede de empresas. En ambos casos existe riesgo, aunque las fuentes de ese riesgo pueden ser diferentes.

En un ETF corporativo, la calidad crediticia es fundamental. No es lo mismo un fondo centrado en bonos con grado de inversión que otro que invierta en deuda de alto rendimiento. Generalmente, a mayor rentabilidad que podamos obtener, mayor será el riesgo que deberemos asumir.

Pero también debemos tener en cuenta la concentración, es decir, cómo están distribuidos los activos. De hecho, incluso aquellos ETFs que incluyen cientos de bonos pueden estar expuestos en mayor medida a determinados sectores o emisores.

Por zona geográfica: Europa y global

La zona geográfica determina qué economías y mercados influyen en nuestra inversión. Un ETF europeo puede presentar una exposición muy diferente de otro que incluya Estados Unidos, Japón o mercados emergentes.

Además, aunque muchas veces pasa desapercibida, la divisa puede afectar enormemente a nuestro beneficio final. Y es que, aunque un ETF cotice en euros, puede mantener bonos en dólares.

Si una inversión equivalente a 10.000 euros permanece estable en dólares pero el dólar pierde un 5% frente al euro, el coste convertido a nuestra moneda será aproximadamente un 5% inferior, antes de otros movimientos.

Hay algunos ETF que responden ante los riesgos de divisa, pero la cobertura tiene sus propios gastos, comisiones y características. Por eso debemos comprobar expresamente si el fondo está cubierto o no.

Por plazo: corto, medio y largo

El plazo de los bonos es especialmente importante porque determina, en buena medida, su respuesta ante los cambios en los tipos de interés.

Por ejemplo, si un ETF tiene una duración modificada de cinco años y los rendimientos del mercado aumentan un 1%, la caída de precio podría ser de un 5% aproximadamente.

Esto quiere decir que si realizamos una inversión de 10.000 euros, la variación podría llegar a ser de 500 euros.

Un ETF con duración de dos años tendría una sensibilidad mucho menor ante el mismo movimiento. Por eso, cuando nuestro horizonte temporal es corto, la duración puede ser más importante que la rentabilidad histórica reciente.

De dónde sale la rentabilidad y qué cuesta


La rentabilidad de los ETFs de renta fija procede principalmente de los intereses generados por sus bonos y de las variaciones en el coste de esos instrumentos.

Con lo cual, aunque una cartera genere ingresos, esto no significa que no pueda perder parte de su valor. Si los bonos pagan un 4% de intereses pero pierden un 5% de su precio, el resultado total será negativo. Por eso, no debemos confundir la rentabilidad corriente con la rentabilidad final.

Por otro lado, tampoco debemos perder de vista cuestiones como el TER, que se encarga de registrar los gastos corrientes del fondo. Por ejemplo, si el gasto de la inversión permanece constante, por cada 10.000 euros invertidos, un ETF con un TER del 0,15% puede reportar unos 15 euros al año.

A esto habría que sumar otras posibles comisiones de compra y venta, custodia, diferenciales entre el precio de la compra y venta y gastos de conversión de divisa.

Una diferencia de 0,10 puntos porcentuales entre dos TER puede representar solamente unos 10 euros anuales por cada 10.000 euros. Por eso, no deberíamos elegir entre dos ETF únicamente por esa diferencia si uno tiene una duración, una calidad crediticia o una exposición a divisas muy diferentes.

Los riesgos, dichos con claridad


El principal riesgo de los ETFs de renta fija es que su precio puede descender. La causa puede ser una subida de los tipos, un deterioro de la calidad crediticia, problemas de liquidez, movimientos de divisa o una combinación de varios factores.

-El riesgo de los tipos de interés: suele ser uno de los mayores problemas a los que se enfrentan los inversores, afectando especialmente a aquellos fondos con un plazo más amplio.

-El riesgo de crédito: cuando los mercados consideran que un emisor puede llegar a entrar en una dinámica de impagos, el propio temor entre los inversores puede provocar que el valor de sus bonos descienda incluso antes de que se produzca un impago.

-El riesgo de liquidez: los ETFs de renta fija cotizan en bolsa, pero eso no significa que todos los bonos puedan comprarse y venderse de manera fluida. En momentos de tensión pueden ampliarse los diferenciales y resultar más difícil vender a un precio favorable.

-La inflación: puede generar una gran inestabilidad en el mercado y restar rentabilidad a nuestra inversión. Una inversión que gana un 3% cuando los precios aumentan un 4% ha perdido aproximadamente un 1% de poder adquisitivo, antes de impuestos, gastos y comisiones.

Por tanto, en lugar de ver la renta fija como una garantía de conservación del capital, debemos  entenderla más como gama de instrumentos con unas características de riesgo diferentes a las de la renta variable.

Cómo elegir los mejores ETFs de renta fija: los criterios


La elección debería comenzar por nuestro objetivo. Si necesitamos disponer de liquidez dentro de un año, tendremos que prestar mucha más atención a la duración y a la posibilidad de pérdidas en ese periodo que si estamos construyendo una cartera para diez o quince años.

Después debemos analizar el índice al que se encuentra sujeto el ETF y saber qué bonos puede mantener. La duración, la calidad crediticia, los emisores, los sectores, los países y las divisas nos permitirán saber qué riesgos estamos asumiendo realmente.

También debemos comprobar si existe cobertura de divisa, qué TER tiene el fondo, cómo se comporta y qué gastos podemos encontrar.

Conocer la rentabilidad histórica puede ser muy útil, pero no es el único criterio a tener en cuenta. Un ETF que ha obtenido una rentabilidad elevada durante un periodo determinado puede haberlo conseguido en unas condiciones de tipos, crédito y divisas que no se repetirán.

Una forma práctica de comparar fondos consiste en colocar en una misma tabla su duración, calidad crediticia, divisa, cobertura, TER, política de distribución, patrimonio y estrategia. De esta manera podemos comparar productos con características realmente similares.

¿De distribución o de acumulación?


En un ETF de distribución, los ingresos que generan los bonos se pagan al inversor. En cambio, en los ETFs de acumulación, las ganancias se van reinvirtiendo dentro del propio fondo.

La diferencia es importante si necesitamos obtener ingresos periódicos o, por el contrario, queremos mantener nuestro capital invertido.

Supongamos que una inversión de 10.000 euros genera 300 euros de intereses. En una clase de distribución podremos recibir ese importe, mientras que en una clase de acumulación el dinero volverá a reinvertirse en los propios fondos.

Ninguna de las dos modalidades es mejor en términos absolutos. De hecho, la elección dependerá de nuestro objetivo, de si vamos a necesitar disponer de nuestro capital y de los impuestos que tengamos que pagar.

Por eso, además de comparar la rentabilidad, debemos comprobar exactamente qué clase de participación estamos comprando y cómo trata los ingresos.

Renta fija y ETF en Mintos


Mintos es una de las plataformas de inversión que permiten
 actualmente acceder a diferentes productos de inversión, entre bonos y ETFs de renta fija, brindando en todo momento información detallada y un proceso basado en la transparencia.

Desde el punto de vista operativo, esto nos permite diversificar nuestros fondos de una manera más sencilla, incluso cuando no queremos invertir una cantidad elevada de dinero. Pero debemos separar claramente la plataforma del producto.

El riesgo que presentan los ETF de bonos es aquel que deriva directamente de los productos que contienen, independientemente de dónde los compremos. Si tiene un plazo más amplio, estará expuesto a los movimientos de los tipos. Si invierte en deuda corporativa, tendrá riesgo de crédito.

Mintos también permite invertir en determinados bonos y explica que puede hacerse mediante fracciones desde importes reducidos. La estructura es diferente de la de un ETF, porque en ese caso estamos accediendo a una inversión en bonos concreta y no a una cartera que se renueva continuamente como ocurre con un ETF tradicional.

Así pues, si lo que queremos es diversificar fácilmente entre diferentes bonos sin tener que realizar una gestión directa de nuestra cartera, la mejor opción puede ser los ETFs de renta fija. Pero si nuestra prioridad es conocer todos los detalles sobre la emisión concreta y su plazo, la mejor alternativa suele ser los bonos individuales. Y si tenemos un horizonte temporal determinado, debemos estudiar si un ETF tradicional o uno de vencimiento definido se adapta mejor a lo que necesitamos.

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Preguntas frecuentes sobre los ETFs de renta fija

¿Cuáles son los mejores ETFs de renta fija?

No existe un único ETF que sea adecuado para todos los inversores. El ETF que encaja con nuestros objetivos dependerá de las características que consideremos prioritarias.

Para determinar cuál es el que más nos conviene, debemos informarnos sobre cuál es el objetivo del fondo, su tamaño, el plazo, la calidad crediticia, la diversificación entre diferentes mercados, los gastos y el riesgo derivado del cambio de divisa.

Son fondos cotizados que gestionan una cartera formada por diferentes títulos de deuda, ya sean letras del Tesoro, bonos corporativos o una combinación de ambos. Sus participaciones se ajustan a las reglas de la bolsa y pueden verse afectadas por la coyuntura económica y política de los diferentes países, por lo que su precio puede ir variando.

Generalmente, los bonos individuales tienen un plazo y unas condiciones de pago definidas. Un ETF tradicional mantiene una cartera que se renueva y no devuelve automáticamente el nominal de toda la inversión en una fecha común. Además, el ETF ofrece exposición a varios títulos a través de una única participación.

Sí, el valor de las participaciones puede verse enormemente influido por los cambios en los tipos de interés, el deterioro del crédito, las variaciones en los mercados, los problemas de liquidez o los movimientos de divisa, por ejemplo. La renta fija no garantiza la conservación del capital.

El valor de los bonos existentes puede verse afectado considerablemente por la subida de los tipos de interés. Dependiendo el impacto del periodo de la inversión, la composición de la cartera, etc. El comportamiento real puede variar, pero normalmente, los ETFs con plazos más amplios suelen ser más susceptibles a estos cambios.

Los ETFs son fondos cotizados, no una clase de activo por sí misma. Pueden invertir en renta fija, renta variable u otros instrumentos, según su estrategia. Para conocer el tipo de inversión, debemos revisar la cartera y la documentación del fondo.