¿Qué es un ETF? Los fondos cotizados explicados de forma sencilla

¿Buscas una forma de invertir tu dinero sin pagar comisiones elevadas y manteniendo cierto control sobre tu cartera? Los fondos cotizados, o ETF (Exchange Traded Funds), son una de las opciones más utilizadas por los inversores europeos para conseguirlo. En esta guía te explicamos qué es un ETF, cómo funciona, qué tipos existen, y cuáles son sus ventajas y riesgos, para que puedas decidir si encajan en tu estrategia.

Esta es una comunicación de marketing y en ningún caso debe considerarse como investigación de inversión, asesoramiento de inversión o recomendación de inversión. El valor de tu inversión puede subir o bajar y existe la posibilidad de pérdida parcial o total del capital. Las inversiones de renta fija están sujetas a riesgo de crédito del emisor, riesgo de tipo de interés, riesgo de liquidez y riesgo de inflación. La rentabilidad pasada no garantiza rentabilidades futuras. Antes de invertir, conviene consultar el Documento de Datos Fundamentales (KID) del producto y considerar tus conocimientos, experiencia, situación financiera y objetivos de inversión.

¿Qué es un ETF?

Para explicar que es un ETF o un Exchange Traded Fund, o también llamado fondo cotizado, tenemos que hablar también de acciones. Un ETF es un fondo de inversión que cotiza en bolsa igual que una acción. Al comprar una sola participación, accedes a una cesta de activos que puede incluir decenas, cientos o incluso miles de valores distintos. La mayoría de los ETF son de gestión pasiva, es decir, en lugar de intentar batir al mercado, replican el comportamiento de un índice de referencia, como el S&P 500 o el IBEX 35. Por eso se consideran una forma sencilla y accesible de diversificar una cartera sin tener que elegir cada activo de forma individual.

¿Cómo funcionan los ETF?

Un ETF funciona como una cesta de activos que intenta replicar, de forma física o sintética, el valor de un índice de referencia. Un índice es un conjunto de valores que representa el comportamiento de un mercado o sector concreto, como las 35 principales empresas cotizadas de España (IBEX 35) o las 500 mayores compañías de Estados Unidos (S&P 500). Entender un ETF que es y cómo funciona, ayuda a distinguirlo de otros productos financieros que, a simple vista, pueden parecer similares.

A diferencia de un fondo de inversión tradicional, cuya operativa se calcula una vez al día, un ETF cotiza en bolsa en tiempo real. Esto significa que su precio varía a lo largo de la sesión bursátil, igual que el de una acción, y que puedes comprar o vender participaciones mientras el mercado esté abierto, al precio que se esté negociando en ese momento.

Por ejemplo, si el Banco Central Europeo anuncia una subida de tipos de interés mayor de lo esperado, un inversor en ETF puede reaccionar de inmediato, comprando o vendiendo durante la misma sesión. Con un fondo tradicional, en cambio, esa operación no se ejecutaría hasta el cálculo del valor liquidativo al cierre del día.

 

Réplica física y réplica sintética

Existen dos formas principales en las que un ETF puede replicar su índice de referencia:

  • Réplica física: el ETF compra directamente los activos (acciones, bonos, etc.) que componen el índice, ya sea en su totalidad o mediante una muestra representativa.
  • Réplica sintética: en lugar de adquirir los activos reales, el ETF utiliza un derivado financiero (swap) para replicar el rendimiento del índice. Esta vía conlleva un riesgo de contrapartida adicional, aunque permite acceder a mercados más difíciles de replicar de forma directa, como algunas materias primas.

En ambos casos, el gestor del ETF se encarga de reajustar la cartera cuando cambia la composición del índice, de modo que el inversor no tiene que gestionar por su cuenta una cartera más compleja.

ETF vs acción vs fondo tradicional: ¿en qué se diferencian?

Una acción representa la participación en una única empresa, mientras que un ETF agrupa muchos activos distintos en un solo producto, lo que aporta una diversificación inmediata que una acción individual no puede ofrecer por sí sola. Si compras acciones de una sola compañía, tu resultado depende por completo de esa empresa. Si compras un ETF sobre un índice amplio, tu resultado depende del comportamiento conjunto de todas las empresas que lo componen, lo que suaviza el impacto de que una sola de ellas lo haga especialmente mal.

La diferencia frente a un fondo de inversión tradicional es que un fondo se suscribe o reembolsa una vez al día a un precio calculado al cierre, mientras que un ETF cotiza en bolsa en tiempo real durante toda la sesión. Además, los ETF suelen tener comisiones de gestión más bajas, al tratarse en su mayoría de productos de gestión pasiva, mientras que los fondos tradicionales, sobre todo los de gestión activa, suelen cobrar comisiones más elevadas por el trabajo del gestor. Esto no significa que un ETF sea automáticamente mejor opción que un fondo tradicional en todos los casos: depende de tu perfil, tu horizonte temporal y si valoras más la gestión activa o los costes reducidos. Si quieres profundizar en esta comparación, puedes leer nuestra guía sobre ETF vs fondo indexado.

Tipos de ETF

4. Acceso global y temático

No todos los ETF son iguales. Se pueden clasificar según el tipo de activo que replican o según su forma de gestión, y conocer estos tipos de ETF te ayudará a entender cuáles encajan mejor con tus objetivos.


Según el activo que replican

  • ETF de renta variable: replican índices bursátiles como el MSCI World o el S&P 500, agrupando acciones de una región, sector o mercado concreto. Son los más habituales entre los inversores que empiezan, precisamente por su amplitud y su bajo coste.
  • ETF de renta fija: invierten en cestas de bonos, ya sean gubernamentales o corporativos, y suelen usarse para moderar la volatilidad de una cartera. En las clases de distribución, pueden generar rentas periódicas, aunque no están exentos de riesgo: su precio también puede caer, especialmente ante subidas de los tipos de interés.
  • ETF de materias primas: replican el precio de activos como el oro, la plata o el petróleo, normalmente a través de derivados o de la posesión física del activo. Suelen usarse como complemento dentro de una cartera diversificada, más que como inversión principal.
  • ETF sectoriales o temáticos: se centran en un sector concreto (tecnología, energías renovables, salud) o en una tendencia de inversión, como la inteligencia artificial. Suelen implicar una menor diversificación que un ETF de índice amplio, ya que concentran el riesgo en un único sector, por lo que conviene combinarlos con otras posiciones más diversificadas en lugar de usarlos como única inversión.

Según la gestión: activa o pasiva

La gran mayoría de los ETF son de gestión pasiva: se limitan a replicar un índice sin intentar batirlo, lo que suele traducirse en comisiones más bajas y en un comportamiento más predecible frente al mercado. Sin embargo, en los últimos años también han surgido ETF de gestión activa, en los que un gestor selecciona los activos con el objetivo de superar a un índice de referencia. Estos suelen tener comisiones más altas que los ETF pasivos tradicionales, ya que incorporan el coste de la gestión.

Existe además una variante conocida como ETF indexado, un término que en la práctica se utiliza como sinónimo de ETF de gestión pasiva que replica un índice concreto. Si te preguntas qué es un ETF indexado, la respuesta corta es que se trata del mismo concepto que hemos visto en esta sección: un fondo cotizado que sigue fielmente a un índice, sin intentar superarlo. Puedes ver esta comparación con más detalle en nuestro artículo sobre ETF vs fondo indexado, enlazado más arriba.

Ventajas y riesgos de los ETF

Antes de invertir tienes que saber que los ETF, como cualquier inversión, combinan ventajas con riesgos. Ninguna de estas dos cosas debería analizarse por separado: entender el equilibrio entre ambas es lo que te permite decidir si un ETF encaja con tu perfil.


Ventajas

  • Diversificación: con una sola operación, accedes a una cesta que puede incluir decenas, cientos o miles de activos distintos, reduciendo el riesgo de depender de un único valor. Esto es especialmente útil para quien empieza a invertir y todavía no cuenta con el capital o el conocimiento para construir una cartera diversificada activo por activo.
  • Costes generalmente bajos: al no requerir gestión activa, el TER (ratio total de gastos) de muchos ETF suele situarse entre el 0,03 % y el 0,20 % anual, frente al 1-2 % habitual en fondos gestionados activamente. Reducir costes de forma sustancial y evitar la dependencia de un gestor activo no elimina otros riesgos, como la diferencia de seguimiento o los propios del método de réplica, que veremos a continuación. Puedes consultar el detalle en nuestro artículo sobre comisiones y costes de los ETF [enlace pendiente de confirmar, brief B4-ES].
  • Liquidez: al cotizar en bolsa, la mayoría de los ETF permiten comprar y vender participaciones durante toda la sesión, a diferencia de los fondos tradicionales, que solo se pueden suscribir o reembolsar una vez al día. Esto da más margen de maniobra si necesitas reaccionar a un cambio de circunstancias.
  • Transparencia: la composición de un ETF suele publicarse a diario, por lo que en todo momento puedes saber en qué estás invirtiendo, sin sorpresas ni cambios ocultos en la cartera.


Riesgos

  • Riesgo de mercado: si el índice que replica el ETF cae, el ETF caerá en la misma medida. La diversificación puede suavizar el impacto de un mal comportamiento puntual de un activo concreto, pero no elimina el riesgo del mercado en su conjunto: en una caída generalizada, la mayoría de los sectores pueden verse afectados a la vez.
  • Diferencia de seguimiento (tracking difference): un ETF puede no replicar de forma exacta el rendimiento de su índice de referencia, debido a costes, al método de réplica o a otros factores propios de cómo se gestiona el fondo.
  • Riesgo de divisa: Esto significa que si el ETF invierte en activos denominados en una moneda distinta a la tuya, las fluctuaciones del tipo de cambio pueden afectar a tu rentabilidad final, tanto para bien como para mal.
  • Riesgo de liquidez y cierre del fondo: no todos los ETF tienen el mismo volumen de negociación. Los más de nicho pueden tener spreads más amplios entre precio de compra y venta, y en determinados escenarios un ETF puede llegar a cerrarse si no alcanza un tamaño mínimo de gestión, lo que puede obligarte a liquidar la posición antes de lo previsto.


Es importante recordar que unos costes bajos no significan ausencia de costes ni de riesgo: invertir en ETF implica que el capital está en riesgo, que son posibles pérdidas significativas y prolongadas, y que factores como el cierre del fondo, el método de réplica o la divisa pueden agravar el resultado en determinados escenarios. El valor de tu inversión puede subir o bajar, y podrías perder una parte o la totalidad de lo invertido.

¿Cómo empezar a invertir en ETF?

Para empezar a invertir en ETF, normalmente necesitas abrir una cuenta en un bróker o plataforma que ofrezca acceso a estos productos, definir qué tipo de ETF encaja con tu horizonte temporal y tu tolerancia al riesgo, y decidir si prefieres construir tu propia selección o apoyarte en una cartera ya gestionada. También conviene revisar el documento de datos fundamentales (KID) de cada ETF antes de invertir, ya que ahí encontrarás el TER, la política de réplica y el nivel de riesgo del producto. Si quieres profundizar en el proceso paso a paso, puedes consultar nuestra guía sobre cómo invertir en ETF.

Otro aspecto a tener en cuenta es la frecuencia con la que quieres invertir. Algunos inversores prefieren hacer una única aportación inicial, mientras que otros optan por aportaciones periódicas (por ejemplo, mensuales) para repartir el riesgo de entrar en el mercado en un momento puntual. Ninguna de las dos opciones es intrínsecamente mejor: depende de tu situación financiera y de tus objetivos.

En Mintos, existen dos formas de acceder a los ETF dentro de la misma cuenta: a través de Mintos Core ETF, una cartera gestionada y diversificada automáticamente, o seleccionando ETF individuales según tus propios criterios. Ambas vías comparten la misma infraestructura y los mismos principios de transparencia, por lo que puedes combinarlas o cambiar de una a otra según evolucionen tus necesidades.

ETFs individuales

Toma el control total y elige tus propios ETFs desde 1€.

Con más de 1.000 ETFs de proveedores reconocidos como iShares, Vanguard, Amundi y Xtrackers, puedes construir la cartera de ETFs que mejor se ajuste a tus objetivos.

✔️ETFs populares de proveedores reconocidos

✔️Inversión periódica automatizada con Plan de inversión (próximamente)

✔️0€ por comprar o vender

Cartera Core de ETFs

Una cartera de ETFs automatizada adaptada a tu nivel de riesgo, desde 50€.

La cartera Core de ETFs incluye una combinación global y diversificada de ETFs de acciones y bonos, que se reequilibra y reinvierte automáticamente para que no tengas que gestionarla tú mismo.

✔️Cartera globalmente diversificada de ETFs, acciones y bonos

✔️Reequilibrio y reinversión automáticos

✔️0% de comisiones de compra, venta y gestión

1 Los proveedores de ETFs se muestran únicamente con fines ilustrativos. Esto no constituye una recomendación ni un asesoramiento de inversión.

2 Basado en los ETFs más buscados por inversores europeos en justETF.com

Si no tienes claro qué opción se ajusta mejor a tu perfil, puedes comparar ambas en nuestro artículo ETF individuales vs Mintos Core ETF.

Preguntas frecuentes sobre los ETF

¿Qué es un ETF? ¿Qué son los ETF?

Un ETF, o fondo cotizado, es un fondo de inversión que cotiza en bolsa como una acción y que, en la mayoría de los casos, replica el comportamiento de un índice de referencia.

ETF son las siglas en inglés de Exchange Traded Fund, es decir, fondo cotizado en bolsa.

Un ETF agrupa una cesta de activos y replica, de forma física o sintética, el comportamiento de un índice. Cotiza en bolsa en tiempo real, por lo que su precio varía a lo largo de la sesión.

Para contestar esta pregunta, tenemos que definir que es una acción. Una acción representa la participación en una única empresa. Un ETF, en cambio, agrupa distintos activos en un solo producto, lo que ofrece una diversificación que una acción individual no puede aportar por sí sola.

La diferencia entre un ETF y un fondo de inversión está en cómo se opera. Un fondo tradicional se suscribe o reembolsa una vez al día a un precio de cierre, mientras que un ETF cotiza en bolsa en tiempo real durante toda la sesión bursátil.

Existen ETF de renta variable, de renta fija, de materias primas y sectoriales o temáticos, entre otros. También pueden clasificarse según su gestión, que suele ser pasiva, aunque también existen ETF de gestión activa.

El riesgo principal es el riesgo de mercado: si el índice que replica el ETF cae, el ETF caerá en la misma medida. A esto se suman otros riesgos, como la diferencia de seguimiento frente al índice o el riesgo de divisa en el caso de ETF que invierten en activos denominados en otra moneda.