Cuando alguien dice que tiene acciones de una empresa, lo que realmente está diciendo es que tiene una parte de esa sociedad. Pequeña, casi siempre minúscula, pero una parte real, con derechos reconocidos por ley. Ese es el punto de partida de casi todo lo demás.
¿Qué te da exactamente esa fracción de empresa?
¿Por qué el precio de una misma acción sube un día y baja al siguiente?
¿Y en qué se diferencia esto de prestar dinero a través de bonos o de otros productos de renta fija?
Esta guía repasa que son las acciones, los derechos que lleva asociados, los tipos que existen, cómo se forma su precio en los mercados, qué riesgos asumes y qué opciones hay para invertir en acciones sin comprarlas una a una. Sin promesas, porque en inversión no las hay.
Esta es una comunicación de marketing y en ningún caso debe considerarse como investigación de inversión, asesoramiento de inversión o recomendación de inversión. El valor de tu inversión puede subir o bajar y existe la posibilidad de pérdida parcial o total del capital. Las inversiones de renta fija están sujetas a riesgo de crédito del emisor, riesgo de tipo de interés, riesgo de liquidez y riesgo de inflación. La rentabilidad pasada no garantiza rentabilidades futuras. Antes de invertir, conviene consultar el Documento de Datos Fundamentales (KID) del producto y considerar tus conocimientos, experiencia, situación financiera y objetivos de inversión.
Definimos en pocas palabras que son las acciones
Para definir las acciones, debemos hablar de capital social. Las acciones son las unidades en las que se divide el capital social de una sociedad. En términos legales, son valores negociables que representan propiedad, es decir, si una empresa ha emitido un millón de títulos y tú tienes mil, eres dueño del 0,1 % de esa sociedad.
Ese porcentaje es lo que determina casi todo. Cobras el 0,1 % de los dividendos que se repartan. Tienes el 0,1 % de los votos en las juntas. Y en caso de liquidación, te corresponde el 0,1 % de lo que quede una vez pagadas todas las deudas. Ese último matiz importa más de lo que parece: el accionista cobra el último.
En España, la Ley de Sociedades de Capital, define qué es una acción, qué derechos mínimos están asociados a su propiedad y qué obligaciones tiene la sociedad con sus accionistas. No es lectura ligera, pero explica por qué un titular de acciones puede exigir información y un cliente cualquiera no.
El origen: por qué existen las acciones
Era el año 1602 y la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales necesitaba financiar expediciones comerciales carísimas y muy arriesgadas. Como ningún comerciante podía asumir ese coste por sí solo, la empresa dividió su capital en participaciones y las vendió al público, dando lugar a las primeras acciones. La función de las acciones sigue siendo la misma cuatro siglos después. Una empresa necesita recursos para crecer y tiene dos caminos: pedir dinero prestado o vender una parte de sí misma. Las acciones son el segundo camino.
Acciones de una empresa: qué derechos te dan de verdad
Comprar acciones de una empresa no te convierte en jefe de nadie. Te convierte en socio minoritario con un paquete de derechos concreto. Estos son los principales:
Derecho al dividendo. Si la junta aprueba repartir beneficios, te corresponde la parte proporcional a tus títulos. Ninguna empresa está obligada a repartir dividendos, y muchas eligen reinvertir el beneficio en su propia actividad.
Derecho de voto. Cada acción ordinaria suele dar un voto en las juntas de accionistas. Ahí se aprueban las cuentas, se eligen consejeros y se toman las decisiones estructurales de la sociedad.
Derecho de información. Puedes acceder a las cuentas anuales, a los informes de gestión y a los datos que la empresa publica en su web corporativa y ante el supervisor del mercado.
Derecho de suscripción preferente. Si la empresa emite una nueva serie de acciones, tienes prioridad para comprarlas antes que terceros y evitar así que tu porcentaje se diluya.
Derecho a la cuota de liquidación. Si la sociedad se disuelve, participas en el reparto del patrimonio restante, siempre después de empleados, proveedores, bancos y bonistas.
Ese orden de cobro es la diferencia estructural entre ser propietario y ser acreedor. El bonista presta y cobra antes. El accionista es dueño y cobra lo que sobre, que en un caso de quiebra suele ser nada.
Capital social: de dónde salen las acciones
El capital social es la cantidad de dinero que los socios de una sociedad aportan al constituirla o ampliarla, el cual se divide en unidades, y cada unidad es una acción. Por ejemplo, si el capital social de una empresa es de 10 millones de euros repartidos en 10 millones de títulos, cada acción tiene un valor nominal de 1 euro.
Aquí conviene distinguir dos conceptos que a menudo se confunden. El valor nominal es contable y no se mueve. El precio de mercado es lo que otro inversor está dispuesto a pagar hoy por ese mismo título, y puede ser de 0,40 euros o de 85 euros. La valoración de una empresa en bolsa casi nunca coincide con su capital social.
Por qué una empresa emite acciones
Emitir acciones tiene una ventaja evidente desde el punto de vista de una empresa: el dinero que entra no hay que devolverlo. No hay vencimiento ni cuadro de amortización ni intereses a pagar. A cambio, los propietarios originales ceden una parte de la propiedad y del control. Por eso este tipo de financiación se suele llamar financiación propia, frente a la financiación ajena, que incluye los bonos y los préstamos bancarios.
Una salida a bolsa, u oferta pública de venta, es el momento en el que una sociedad abre su capital social al mercado. A partir de ahí sus títulos se negocian libremente y cualquier inversor puede comprarlos o venderlos. La empresa obtiene financiación y visibilidad y a la vez, cuentas auditadas, información periódica y un precio público que juzga cada decisión que toma.
Tipos de acciones que puedes encontrarte
No todas las acciones son iguales. Estos son los tipos más habituales en los mercados europeos:
Acciones ordinarias
Las más comunes. Un título, un voto, dividendo variable según lo que apruebe la junta. Es lo que compras por defecto cuando adquieres acciones cotizadas.
Acciones preferentes
Dan prioridad frente a las acciones ordinarias en el cobro del dividendo y en la liquidación, normalmente a cambio de renunciar al derecho de voto. Su comportamiento se parece más al de un producto de renta fija, pero siguen cobrando después de todos los acreedores y bonistas, el dividendo puede suspenderse y la pérdida puede ser total.
Acciones sin voto
Con estas acciones tienes derechos económicos completos, pero participación política nula. Se emiten para captar capital sin alterar el control de la sociedad.
Acciones rescatables
La empresa se reserva la posibilidad de recomprarlas en determinadas condiciones fijadas en la emisión.
Acciones propias o autocartera
Títulos que la propia sociedad recompra en el mercado. Mientras están en autocartera no votan ni cobran dividendo.
En la práctica, un inversor particular que compra en bolsa española o europea trabaja casi siempre con acciones ordinarias. El resto aparece sobre todo en operaciones societarias y en contratos entre socios.
Cómo se forma el precio de una acción en los mercados
El precio no lo decide la empresa. Lo decide el cruce entre quien quiere comprar y quien quiere vender en cada momento de la sesión de negociación. Si hay más órdenes de compra que de venta, el precio sube. Si pasa lo contrario, baja. Así de simple en el mecanismo, así de complejo en las causas.
Detrás de esas órdenes hay factores identificables:
Beneficios y expectativas. Los resultados trimestrales y, sobre todo, lo que el mercado espera de los próximos trimestres.
Situación del sector. Una misma noticia puede mover a la vez a todas las empresas de un sector, sin que ninguna haya hecho nada distinto.
Tipos de interés. Cuando la renta fija paga más, parte del dinero se va de la bolsa hacia bonos y depósitos.
Liquidez del valor. El número de títulos que se negocian a diario condiciona lo fácil que es entrar y salir sin mover el precio.
Contexto general. Datos macroeconómicos, política, divisas y el ánimo colectivo del mercado, que a veces pesa más que los datos.
Conviene tener presente algo que muchos inversores descubren tarde: los expertos discrepan de forma sistemática sobre cuánto vale una acción. Dos analistas con los mismos datos publican valoraciones distintas. No es un fallo del sistema, es la naturaleza del mercado.
Cómo gana dinero un inversor con las acciones
Hay dos vías, y funcionan de forma independiente:
Plusvalía de acciones
La diferencia entre el precio de compra y el de venta. Si compras a 20 euros y vendes a 26, la ganancia bruta es de 6 euros por título, antes de comisiones e impuestos.
Dividendos
El reparto periódico de una parte del beneficio entre los accionistas. Algunas empresas los pagan cada trimestre, otras una vez al año y otras nunca.
Las dos vías pueden ser negativas. Una acción puede bajar de precio durante años y una empresa puede suspender el dividendo en cualquier momento. Las rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras y el capital invertido está en riesgo en todo momento.
Acciones y renta fija: en qué se diferencian
Si comparamos una acción con un bono verás que con una acción compras propiedad. Con un bono prestas dinero. De esa diferencia salen todas las demás.
Plazo. Un bono tiene fecha de vencimiento y devuelve el capital en esa fecha. Una acción no vence: existe mientras exista la sociedad.
Ingresos. El bono paga un cupón conocido de antemano. La acción paga un dividendo variable que puede desaparecer.
Orden de cobro. En caso de insolvencia, los bonistas cobran antes que los accionistas.
Derechos políticos. El accionista vota en las juntas. El bonista no participa en las decisiones de la empresa.
Comportamiento. La renta variable suele oscilar más que la renta fija, aunque ningún producto de renta fija está libre de riesgo: los bonos también pierden valor cuando suben los tipos de interés o cuando empeora la calidad crediticia del emisor.
Muchas carteras combinan ambos bloques precisamente porque no reaccionan igual ante los mismos acontecimientos. Si quieres profundizar en cómo funciona el otro lado de la balanza, esta guía sobre inversiones de renta fija lo desarrolla en detalle.
Riesgos de invertir en acciones
Las acciones están entre los activos que más oscilan de una cartera. Estos son los riesgos que conviene tener claros antes de comprar el primer título:
Riesgo de mercado. El precio puede caer por motivos que no tienen nada que ver con la empresa que has comprado.
Riesgo específico. Una mala decisión de la dirección, un litigio o la pérdida de un contrato importante pueden hundir un valor concreto.
Riesgo de quiebra. Si la sociedad entra en concurso, el accionista es el último de la fila. La pérdida puede ser total.
Riesgo de liquidez. En valores poco negociados puede costar vender al precio que ves en pantalla.
Riesgo de divisa. Si compras títulos en dólares o en libras, el tipo de cambio afecta a tu resultado final aunque la acción no se mueva.
Coste de las comisiones. Comisiones de compraventa, de custodia y de cambio de divisa restan rentabilidad cada año. En carteras pequeñas pesan mucho más de lo que parece.
Ninguno de estos riesgos se elimina, pero el riesgo específico sí se puede reducir repartiendo el capital entre más valores, sectores y geografías. Aquí explicamos cómo abordar la diversificación del riesgo de forma ordenada. La diversificación reduce el impacto de un evento adverso concreto, no lo elimina.
Cómo se compran acciones y qué alternativas existen
Para comprar acciones, necesitas una cuenta en un intermediario autorizado, dinero disponible en esa cuenta y el ticker o el ISIN del valor que quieres comprar. A partir de ahí lanzas una orden de compra, eliges la cantidad de títulos y esperas a que se cruce en el mercado. La venta funciona igual, pero en sentido contrario.
Antes de operar, el intermediario suele hacerte una evaluación de conveniencia para comprobar que entiendes el producto que vas a contratar. No es un trámite decorativo: sirve para dejar constancia de que conoces los riesgos de lo que compras.
Comprar acciones una a una no es la única forma de invertir en renta variable. Un ETF replica un índice completo y te da exposición a cientos de empresas con una sola operación, normalmente con menos operaciones que construir esa misma cartera título a título, aunque el ETF aplica unos gastos corrientes anuales que conviene comparar caso por caso en el KID. Algunas plataformas permiten además comprar participaciones fraccionarias, así que no necesitas el precio completo de una acción cara para tener una parte de ella.
Si tu intención es seleccionar valores concretos en lugar de índices, esta guía sobre cómo invertir en acciones repasa el proceso paso a paso y los errores más habituales al empezar.
Juntas, voto y comunicaciones por correo electrónico
Ser accionista implica recibir información de forma periódica. La convocatoria de las juntas generales, el orden del día, las propuestas que se someten a voto y los informes de los administradores llegan a los titulares de acciones a través del intermediario, y cada vez más por correo electrónico en lugar de por carta.
En la práctica, la mayoría de los inversores particulares no acude a las juntas. Delegan el voto o simplemente no lo ejercen. Pero la posibilidad existe y en sociedades que cotizan es habitual poder votar de forma telemática desde la web corporativa con las credenciales que envía la entidad.
Aunque no vayas a votar merece la pena revisar las comunicaciones de la empresa, ya que ahí aparecen las ampliaciones de capital, los cambios en la política de dividendos y las operaciones societarias que afectan directamente al valor de lo que tienes.
Invierte en renta variable con ETFs en Mintos
Si después de entender qué son las acciones prefieres empezar por una exposición diversificada en lugar de elegir empresa por empresa, en Mintos puedes invertir en una selección de ETFs gestionados por proveedores como iShares y Vanguard, sin comisión de Mintos por la compra o la venta, y con participaciones fraccionarias desde importes bajos. Cada ETF mantiene sus propios gastos corrientes, y pueden aplicarse costes de horquilla de mercado y de conversión de divisa.
El valor de tu inversión puede subir o bajar y podrías recuperar menos capital del invertido; antes de invertir, consulta el KID y el documento de costes y gastos (ex ante) de cada producto disponible en la plataforma.
Preguntas frecuentes sobre las acciones
¿Qué son las acciones en palabras sencillas?
Son las partes iguales en las que se divide el capital social de una empresa. Quien compra una acción se convierte en propietario de esa fracción de la sociedad, con los derechos económicos y de voto que correspondan.
¿Qué son las acciones y un ejemplo?
Si una empresa divide su capital en 1.000.000 de títulos y tú compras 1.000, posees el 0,1 % de la compañía: cobras el 0,1 % de los dividendos que se repartan y tienes el 0,1 % de los votos en la junta.
¿Cuáles son los principales tipos de acciones?
Las ordinarias son las más habituales. Además existen las preferentes, que priorizan el cobro del dividendo a cambio de renunciar al voto, las acciones sin voto, las rescatables y la autocartera de la propia sociedad.
¿Qué diferencia hay entre acciones y bonos?
La diferencia fundamental es que, con una acción, compras una parte de una empresa mientas que con un bono le prestas dinero. El bono tiene vencimiento y cupón conocido; la acción no vence y su dividendo es variable. En caso de insolvencia, el bonista cobra antes que el accionista.
¿Se puede perder todo el dinero invertido en acciones?
Sí. Si la empresa entra en concurso de acreedores, el accionista es el último en el orden de cobro y puede perder la totalidad de lo invertido. Por eso repartir el capital entre varios valores reduce el impacto de que una empresa concreta falle, aunque no elimina el riesgo de pérdida ni lo compensa el simple paso del tiempo, por muy a largo plazo que inviertas.
¿Es mejor comprar acciones sueltas o un ETF?
Mintos no puede dar una respuesta a esta pregunta, pues todo depende de tus conocimientos, del tiempo que puedas dedicar al seguimiento y de tu tolerancia al riesgo. Las acciones individuales concentran la exposición en pocas empresas; un ETF la reparte entre muchas con una sola operación. Ninguna de las dos opciones es adecuada para todo el mundo.
Comprar acciones significa tener claro que estás comprando parte de la propiedad de una empresa, no una promesa de pago, y que esa propiedad (o acción) vale lo que el mercado diga cada día. A partir de ahí, la decisión de comprar títulos sueltos, invertir a través de fondos o repartir el capital entre renta variable y renta fija depende de tu fórmula de inversión, de tu horizonte temporal, de tu situación financiera y de cuántas variaciones de precio puedes soportar sin cambiar de plan.